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Alumnos Investigadores FESMRC
01/07/2026
Ximena Giraudi, excelente alumna de Museología de FESMRC, ha sido aceptada en el Venice Curatorial Course. Un orgullo para nuestra Institución.
Rectorado Fundacional Secretaría Académica y Dirección de Estudios de FESMRC Es un profundo orgullo para la Fundación de Estudios Superiores Multidisciplinarios (FESMRC) P.I.U. Publio Virgilio Marone educar alumnos que demuestran, día a día, que las fronteras no existen. Para nuestra comunidad educativa es un verdadero placer compartir esta gran noticia y este artículo que marca un hito institucional. Este logro colectiviza y demuestra el nivel de calidad absoluto que nuestra Fundación ha alcanzado desde su nacimiento y que continúa construyendo con firmeza.

El camino trazado va hoy desde las aulas en la República Argentina directamente hacia los históricos canales de Venecia. Ximena Giraudi, alumna de segundo año, ha sido seleccionada entre los únicos 25 estudiantes aceptados mundialmente para formar parte del prestigioso Venice Curatorial Course (Curso Curatorial de Venecia).

A lo largo de su carrera, Ximena ha demostrado una rigurosidad intachable, una gran capacidad de desarrollo y una solidez notable en sus conocimientos adquiridos. Su calidad absoluta se ha reflejado de manera constante en la presentación de trabajos prácticos, proyectos integradores, exposiciones y presentaciones específicas.

Hoy, con el apoyo y el respaldo total de la Fundación de Estudios FESMRC, Ximena se encuentra actualmente viajando para concretar esta destacada actividad internacional, llevando el nombre de nuestra institución a uno de los epicentros culturales más importantes del mundo.

El acceso a los círculos más selectos del arte global no es una coincidencia; es el resultado directo de la excelencia académica y el esfuerzo individual. Para la Fundación de Estudios Superiores Multidisciplinarios (FESMRC) P.I.U. Publio Virgilio Marone, la aceptación de nuestra alumna de segundo año, Ximena Giraudi, en el exclusivo Venice Curatorial Course representa la consolidación de un modelo educativo de calidad absoluta. Formar parte de este programa internacional, que selecciona minuciosamente a solo 25 profesionales y estudiantes en todo el mundo, posiciona los estándares formativos de nuestra plataforma institucional fesmrc.org.ar al más alto nivel competitivo.

Este logro internacional es el reflejo de un trabajo arduo y una dedicación inquebrantable dentro de las aulas. A lo largo de su formación en la República Argentina, Ximena ha demostrado una rigurosidad analítica impecable y una notable capacidad de desarrollo teórico-práctico. Su desempeño sobresaliente en trabajos integradores, actividades de exposición y defensas conceptuales específicas no solo evidencia su talento, sino también el rigor metodológico y el acompañamiento docente que definen la propuesta educativa de FESMRC.

El Curso Curatorial de Venecia exige de sus participantes una visión crítica afilada y una sólida base en gestión cultural, requisitos que Ximena consolidó paso a paso a través de una exigente trayectoria institucional. Con el respaldo institucional de la Fundación, Ximena se encuentra actualmente viajando hacia los canales de Venecia. Este viaje no solo premia su sacrificio personal, sino que reafirma el compromiso de FESMRC de derribar fronteras geográficas y proyectar el talento local hacia los epicentros culturales más prestigiosos del mundo.

Entrevista a Ximena Giraudi

¿Ximena, cómo nació tu interés por la Curaduría y Gestión Cultural? Creo que mi interés por la curaduría nació incluso antes de poder ponerle ese nombre. Mi vínculo con el arte comenzó desde la creación, como artista plástica, pero desde el año 2007, cuando empecé a trabajar profesionalmente dentro del campo artístico, descubrí que había algo que me atraía incluso más que la producción individual de una obra: todo el universo que se construía alrededor de ella. Me interesaba entender cómo funcionaba el ecosistema del arte: sus actores, los artistas, los coleccionistas, las instituciones, el mercado, los espacios expositivos y especialmente cómo todas esas partes podían integrarse dentro de una práctica curatorial.

Durante muchos años hubo un “para mí” que no tenía una explicación teórica. Era algo que se traducía en acciones concretas: saber con qué artistas quería trabajar, imaginar cómo una obra debía dialogar con un espacio, pensar cómo generar un encuentro entre artista, público y mercado. Hoy entiendo que muchas decisiones que tomaba desde la intuición eran decisiones curatoriales. Desde elegir una obra, pensar un montaje, acompañar a un artista, conversar con un coleccionista o construir una experiencia de exposición donde participaban todos los actores: desde quien montaba la obra hasta quien finalmente decidía incorporarla a su vida.

Muchas veces me encontré explicándole a un coleccionista la diferencia entre precio y valor. Siempre digo: “no me preguntes solamente cuánto sale una obra, preguntame cuál es su valor”. Porque el precio pertenece al mercado, pero el valor pertenece a una construcción mucho más profunda: la historia, el contexto, el artista, la emoción y la permanencia. Creo que ahí nació mi interés por la curaduría: en comprender que el arte no termina en el objeto. El objeto es muchas veces el inicio de una conversación.

¿Qué te impulsó a comenzar a estudiar Museología, Conservación y Restauración en FESMRC?

Creo que hubo una escena muy concreta que terminó de ordenar una inquietud que venía creciendo. En distintas visitas a museos me empezó a pasar algo curioso: iba con amigas que no estaban vinculadas al mundo del arte y terminaba naturalmente explicando la muestra, el montaje, por qué determinada obra estaba ubicada de cierta manera, qué proponía el arte contemporáneo o qué diálogo estaba intentando construir ese espacio.

Hasta que en una visita a un museo de Buenos Aires sentí algo distinto. Me di cuenta de que si yo no hubiese estado ahí explicando, quizás parte de esa experiencia se perdía. No porque faltara interés del visitante, sino porque faltaban algunos puentes. No encontraba suficientes recursos de comunicación o mediación que permitieran que cualquier persona (no solamente alguien con formación previa) pudiera conectar, comprender y contemplar aquello que el museo estaba cuidando.

Esa pregunta fue el comienzo: ¿qué responsabilidad tenemos quienes trabajamos con arte para que esa experiencia suceda?

Después de casi veinte años trabajando desde la práctica, necesitaba darle un marco académico a todo ese recorrido. Había trabajado desde la intuición, desde la sensibilidad y desde la experiencia, pero necesitaba profundizar: comprender la historia, la conservación, el patrimonio, el funcionamiento institucional de los museos y la enorme responsabilidad que implica trabajar con bienes culturales.

Cuando encontré FESMRC sentí que era el espacio adecuado. Por el programa académico, por los contenidos y también por la posibilidad de estudiar a distancia sin que eso significara perder profundidad. Necesitaba un desafío que estuviera a la altura de tantos años de ejercicio profesional en el campo. Y en FESMRC encontré exactamente eso: un lugar donde mi experiencia previa no quedaba afuera del aula, sino que entraba conmigo para ser cuestionada, ordenada y transformada.

¿Qué es lo que más te apasiona sobre esta profesión que es, en general, poco convencional?

Justamente eso: que no es convencional.

Muchas veces cuando digo que estudio museología me pasa algo muy gracioso. Hay personas que creen escuchar “musicología” y me dicen: “no sabía que querías dedicarte a la música”. Y ahí empieza una explicación que parece larga pero en realidad es corta: la museología estudia cómo cuidamos, interpretamos y comunicamos nuestro patrimonio cultural. o incluso más corta: Podes trabajar en un museo… Después están quienes hacen silencio intentando encontrar en su memoria qué significa exactamente esta profesión. Y muchas veces disfruto ese instante. Me parece casi una pequeña performance involuntaria, como una experiencia efímera donde la persona busca referencias, recuerdos, imágenes. Me apasiona justamente eso: que la museología trabaja con preguntas.

Un curador no solamente decide dónde poner una obra. Investiga, conecta épocas, artistas, objetos, comunidades y miradas. Creo que hoy la museología tiene un desafío enorme: ya no se trata solamente de conservar el pasado, sino de preguntarnos qué relatos estamos construyendo para el futuro. Y reconozco que ya perdí la cuenta de cuántas veces escribí en mis trabajos prácticos esta frase… Educar es una gran responsabilidad. Pero sostener el patrimonio cultural de una sociedad es una responsabilidad todavía mayor. Como desarrollo en mi investigación sobre experiencia del visitante, una exposición no termina cuando una obra está correctamente conservada o exhibida. El museo también debe generar las condiciones para que esa obra pueda ser comprendida, habitada y recordada. Ahí aparece para mí la verdadera responsabilidad museológica.

¿Te has sentido cómoda estudiando en FESMRC? Considerando que has sido aceptada en el Venice Curatorial Course, ¿cómo observás la calidad académica de FESMRC?

Mi experiencia en FESMRC ha sido profundamente enriquecedora porque encontré algo que estaba buscando: un espacio donde mi recorrido anterior pudiera dialogar con una formación académica seria.

Después de tantos años trabajando dentro del arte, muchas veces me pasó que estudiando pude darle nombre a acciones que venía desarrollando hace años. Conceptos que aparecían en una materia o en una bibliografía y que me hacían pensar: “esto era lo que yo estaba haciendo, pero ahora entiendo desde dónde se sostiene”.

Creo que ese es uno de los grandes valores de la formación: no solamente incorporar conocimientos nuevos, sino ordenar y cuestionar los que uno ya trae. Muchas veces me encuentro intercambiando posiciones con los profesores sobre cuál es mi propia voz dentro de este campo. Porque también es cierto que cuando uno viene con tantos años de práctica trae conocimientos muy arraigados, pero también trae algunos vicios. Mi mayor desafío hoy es justamente ese: encontrar mi voz como futura museóloga y curadora más allá de mi experiencia previa como artista, gestora o asesora. Integrar todo, pero desde una mirada más consciente. Y acá casi todo el mérito es de la Profesora Pusineri que no descansa en pos de que encuentre mi voz. Nadie en FESMRC nunca se va a cansar de acompañar y guiar.

Creo que una buena formación no es la que simplemente transmite información, sino la que transforma la manera en que uno mira. Y eso fue algo que me pasó en FESMRC.

Ser aceptada en el Venice Curatorial Course reforzó todavía más esa idea. Me permitió comprobar que muchos debates, conceptos y problemáticas que aparecen hoy en espacios internacionales ya estaban presentes dentro de mi formación. Y eso me parece muy significativo, sobre todo teniendo en cuenta que recién estoy transitando el segundo año de la carrera.

Creo que mi experiencia profesional abrió una puerta, pero el respaldo académico fue fundamental para poder atravesarla. Y siento que en FESMRC esa construcción académica es una prioridad.

¿Qué sentiste al ser aceptada, al recibir la noticia de aceptación, considerando que pocos realmente reciben esa oportunidad?

Fue una mezcla enorme de emoción, sorpresa y agradecimiento. También fue un proceso. Durante un tiempo trabajamos junto al Profesor Maximiliano Racciatti ordenando mi recorrido, mi CV, mis experiencias y la manera de presentar mi aplicación.

Y creo que eso fue muy interesante porque no fue solamente completar una postulación. Fue mirar hacia atrás y empezar a encontrar un hilo conductor entre cosas que quizás parecían separadas. Mi trabajo como artista, la gestión cultural, los proyectos curatoriales, la relación con coleccionistas, el mercado del arte y ahora la museología empezaban a formar parte de una misma historia. Cuando recibí la aceptación sentí que todo ese camino tenía coherencia.

Volver a estudiar de adulta tiene también un componente emocional enorme. Uno se pregunta si todavía hay tiempo para abrir caminos nuevos. Y una respuesta así te confirma que sí. Pero también lo sentí como un logro compartido. Esa es una de las cosas que más destaco de la institución: no sentí que estaba aplicando sola. Sentí que había una estructura académica acompañando y potenciando ese proceso. Fue un reconocimiento personal, pero también una gran responsabilidad.

¿Considerás que tu formación al momento está alineada con los aspectos del curso?

Sí, completamente.

El Venice Curatorial Course trabaja sobre metodologías curatoriales contemporáneas, desarrollo de exhibiciones, investigación, gestión de colecciones y el vínculo entre arte, cultura y comunidad. Y creo que justamente esos son los grandes temas que atraviesan hoy a la museología. Llego al curso con una base construida desde dos lugares: casi veinte años de experiencia práctica dentro del campo artístico y una formación académica que me está permitiendo revisar esa experiencia desde otro lugar. Creo que esa combinación es muy potente.

Voy a Venecia con conocimientos, pero sobre todo voy con preguntas. Y creo que eso es fundamental para cualquier persona que quiera trabajar en curaduría.

¿De qué manera influyó tu paso por nuestra institución en este logro?

Creo que FESMRC fue fundamental porque profesionalizó una búsqueda que ya existía. Me dio vocabulario, estructura y herramientas para transformar una experiencia personal dentro del arte en una práctica académica más consciente.

También me permitió comprender algo que hoy atraviesa toda mi mirada: trabajar con patrimonio y cultura implica una enorme responsabilidad. No gestionamos solamente objetos. Gestionamos memoria, identidad, relatos humanos y posibilidades de encuentro.

Un museo no es solamente un lugar donde se conservan cosas importantes. Es un espacio donde una sociedad decide qué recuerda, cómo lo cuenta y a quién invita a participar de esa conversación. Y ese espacio es nuestra responsabilidad generarlo y conservarlo. Ese cambio de mirada se lo debo en gran parte a mi formación.

¿Qué profesores, curadores o módulos te entusiasman más del programa?
Creo que lo que más me entusiasma, antes incluso de hablar de un módulo específico, es la posibilidad de aprender curaduría en Venecia, en ese lugar particular para el arte de Italia. Venecia no es solamente el lugar donde sucede el curso; es parte del aprendizaje de mi formación hoy. Es una ciudad donde conviven constantemente patrimonio, conservación, historia, turismo cultural, arte contemporáneo y los desafíos actuales de gestionar todo eso al mismo tiempo.

Además, esta experiencia sucede en un contexto absolutamente privilegiado: una ciudad atravesada por uno de los acontecimientos más importantes del mundo del arte, la Bienal de Venecia. Esa convivencia entre instituciones históricas, artistas contemporáneos, curadores, pabellones internacionales y proyectos independientes convierte a la ciudad en un enorme espacio de pensamiento. Me interesa especialmente poder trabajar y conversar con curadores internacionales, galeristas, artistas y profesionales que producen desde otros contextos culturales.

También observar algo que para mí es fundamental: cómo una idea inicial se transforma en una experiencia para el visitante. Porque una exposición no termina cuando la obra queda instalada. Ahí, de alguna manera, recién empieza. Empieza cuando alguien entra a la sala, cuando una persona se detiene, cuando decide leer, cuando conecta emocionalmente o incluso cuando no entiende algo.

Me interesa mucho estudiar ese momento exacto: qué ocurre entre la intención curatorial y la experiencia real del público.

¿En qué consiste exactamente tu interés principal en el Venice Curatorial Course y cuál es el enfoque principal que buscas del mismo?

Mi interés principal está en profundizar la curaduría contemporánea como construcción de pensamiento. Para mí una exposición no es una suma de obras dentro de una sala. Es un relato. Es una decisión sobre qué queremos decir, cómo queremos decirlo y qué espacio dejamos para que otros construyan sus propias interpretaciones.

Me interesa especialmente la experiencia del visitante. Durante muchos años trabajé desde la práctica y hubo situaciones que quedaron guardadas en mi memoria sin que yo pudiera todavía explicarlas académicamente.

Recuerdo una visita al Rijksmuseum donde observaba personas detenidas frente a La Guardia de noche de Rembrandt. Al principio pensé que estaban descansando. Después entendí que estaban contemplando. Muchos años después, estudiando museología, pude ponerle nombre a eso: comprendí que el museo no solo exhibe objetos, también genera comportamientos, tiempos y formas de encuentro. Mi búsqueda hoy pasa por entender cómo construimos esas condiciones. Cómo logramos que una persona que entra a una muestra no se sienta ajena, sino invitada. Cómo hacemos para que el patrimonio no solamente sea conservado, sino vivido.

Y creo que Venecia es un lugar excepcional para pensar estas preguntas porque allí conviven dos fuerzas enormes: la historia del arte y la producción contemporánea. Durante una Bienal no existen dos mundos separados. Conviven artistas, curadores, instituciones, mercado y visitantes dentro de un mismo ecosistema cultural. El desafío está en no perder de vista ese gran sol brillante que representa la Bienal, pero al mismo tiempo reconocer la identidad propia de cada proyecto, cada artista y cada relato.

¿Cómo ves el panorama actual de la curaduría y qué huella te gustaría dejar?

Creo que la curaduría atraviesa un momento fascinante, pero también un momento de mucha tensión y transformación. El arte contemporáneo está en diálogo permanente con muchos actores: artistas, instituciones, coleccionistas, inversores, casas de subastas, nuevos públicos y nuevas formas de comunicación. Los artistas y sus obras se reposicionan constantemente dentro de un sistema cultural y de mercado que cambia todo el tiempo. Creo que justamente ahí el rol del curador se vuelve fundamental.

El curador no debería ser solamente quien selecciona obras, sino quien construye puentes. Puentes entre el artista y el público. Entre el pasado y el presente. Entre el patrimonio y las nuevas generaciones. Si pienso en una huella personal, creo que hay dos conceptos que seguramente van a acompañar mi camino: educación y experiencia del visitante. Me interesa una curaduría sensible, pero también responsable.

Una curaduría que entienda que no alcanza con poner una obra frente a alguien y esperar que algo suceda. Tenemos que crear las condiciones para que ese encuentro sea posible. Creo profundamente en volver a la contemplación. En recuperar ese momento casi básico y humano donde una persona se detiene frente a algo y algo le pasa. Para mí el arte funciona muchas veces como un espejo.

Cuando estamos frente a una obra, no solamente nosotros observamos. De alguna manera también esperamos que esa obra nos devuelva algo: una emoción, una pregunta, un recuerdo, una parte nuestra. Y creo que cuidar ese encuentro es una de las responsabilidades más hermosas de esta profesión.

El Director Académico fue tu profesor también y nos indica que tenes un futuro brillante y que incluso el Museo Fundacional tiene tu perfil abierto, ¿cómo siente esto una futura curadora y museóloga?

Lo vivo con muchísima emoción, pero sobre todo con mucha gratitud y responsabilidad. Creo que una de las cosas más valiosas que encontré en FESMRC fue la posibilidad de tener docentes que no solamente transmiten conocimiento, sino que acompañan procesos.

Maximiliano Racciatti llegó a mi recorrido desde un lugar inesperado. No era alguien que estuviera dentro de mi radar profesional anterior y, sin embargo, se convirtió en una figura académica muy importante en esta etapa.

Siempre se manejó con muchísimo respeto hacia mi historia previa, pero también hacia mi lugar como alumna. Y eso para mí tiene muchísimo valor. Porque cuando uno vuelve a estudiar después de muchos años de trabajo, el desafío no es solamente aprender. También es permitirse volver a no saber. Y creo que un buen educador hace justamente eso: genera un espacio sólido donde uno puede cuestionarse, revisar, equivocarse, descansar en una guía y después volver con más fuerza. En mi caso, muchas veces no necesitaba incorporar solamente información nueva.

Necesitaba ordenar casi veinte años de experiencias, decisiones, intuiciones y conocimientos adquiridos en el campo.Que alguien desde la academia pueda mirar todo eso y decir: “acá hay un camino posible”, es profundamente movilizador.

Que una institución imagine mi perfil vinculado a un museo o a un proyecto futuro es un impulso enorme, pero también una invitación a seguir formándome con más compromiso. Tengo una historia dentro del arte, pero la museología abrió una puerta distinta. Hoy siento que estoy dejando de mirar solamente desde la obra y empiezo a mirar desde algo mucho más amplio: desde la responsabilidad de cuidar aquello que una sociedad decide conservar y transmitir.

¿Qué le dirías a alguien que cree que es tarde para volver a estudiar, cambiar de camino o reinventarse profesionalmente?

Primero creo que le diría que no estoy completamente segura de que la palabra “reinventarse” sea la que más me representa. Porque siento que reinventarse muchas veces parece implicar abandonar todo lo anterior y empezar desde cero. Y yo no creo que exista un nuevo cero. Creo que existe un “desde acá hacia adelante”.

Volver a estudiar a los 46 años fue para mí un acto de alto riesgo, y lo digo también con humor, porque implica ponerse nuevamente en un lugar vulnerable. Implica sentarse en un aula, aunque sea virtual, escuchar, preguntar, aceptar que hay cosas que no sabes y permitir que otros transformen tu manera de pensar.

Pero también fue un enorme acto de confianza. Mi experiencia como artista, mi trabajo en gestión cultural, los proyectos realizados, los errores, los aprendizajes y mi historia personal no quedaron afuera cuando entré nuevamente a estudiar. Entraron conmigo. Fueron las herramientas con las que llegué. Creo que nuestra experiencia aplicada en el lugar correcto puede convertirse en algo productivo no solamente para nosotros, sino también para otros. Puede transformarse en conocimiento compartido, en una guía, en un aporte social. El arte siempre me enseñó eso. Una obra puede cambiar de contexto, puede ser reinterpretada muchas veces y aun así conservar su esencia.

Creo que con las personas sucede algo parecido. Somos también un poco espejo del arte. Cuando nos paramos frente a una obra, cuando montamos una exposición o cuando generamos un espacio para que otros contemplen, hay una relación de ida y vuelta. Nosotros observamos, pero también esperamos una devolución: una emoción, una pregunta, una referencia, un recuerdo.

El patrimonio funciona así: es una conversación permanente entre quienes estuvieron antes, quienes estamos ahora y quienes vendrán después. Hoy siento que estoy uniendo todas mis versiones: la artista, la gestora cultural, la estudiante y la futura curadora. Y quizás la parte más linda de todo este proceso sea descubrir que nunca fueron versiones separadas. Siempre fueron partes de un mismo camino que recién ahora estoy aprendiendo a nombrar.

Por Pablo Fermaggio
Fundación de Estudios Superiores FESMRC P.I.U. Publio Virgilio Marone

Observatorio de la Fundación de Estudios
Dir. de Comunicaciones | Dir. de Convenios | D.C.E. FESMRC

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Alumnos Investigadores FESMRC
01/07/2026
Giuliana Rijo, Alumna de Ciencias Regulatorias: La Blockchain e IA están reescribiendo la seguridad alimentaria del siglo XXI
Rectorado de la Fundación Observatorio de la Fundación de Estudios Decanato de Ciencias Regulatorias y Calidad
La Blockchain e IA están reescribiendo la seguridad alimentaria del siglo XXI
ABSTRACT

El fraude alimentario cuesta 40 mil millones de dólares anuales y afecta a 600 millones de personas, evidenciando las limitaciones de los sistemas de trazabilidad basados en registros documentales. Este artículo revisa cómo la integración de Blockchain, inteligencia artificial, sensores IoT y etiquetado inteligente puede transformar los sistemas de gestión de inocuidad (HACCP, BRCGS, FSSC 22000) en ecosistemas de prevención. Se propone el concepto de "inmunidad digital", donde la inmutabilidad de Blockchain, el análisis predictivo de la IA y el monitoreo continuo permiten detectar y bloquear el fraude antes de que el producto salga de fábrica. Los resultados muestran que la trazabilidad se reduce de días a segundos (2,2 segundos documentados), los recalls por alérgenos (que cuestan $1.92 mil millones anuales en EE.UU.) se vuelven prevenibles, y el etiquetado inteligente facilita la comunicación verificable de sostenibilidad. La publicación de FSSC 22000 Versión 7 (mayo 2026), con lineamientos sobre IA en certificación y requisitos de sostenibilidad, confirma que la digitalización es una exigencia normativa. Sin embargo, persisten barreras como la interoperabilidad y la brecha digital en PYMES. Se concluye que el desafío central no es tecnológico, sino regulatorio y cultural: las normas deben exigir lo que la tecnología ya ofrece.

Palabras clave: trazabilidad alimentaria, blockchain, inteligencia artificial, fraude alimentario, FSSC 22000, etiquetado inteligente, HACCP, sostenibilidad.

Métodos de Investigación

El presente estudio se enmarca en una investigación documental con un enfoque cualitativo, complementado con un análisis propositivo de marcos regulatorios. Este enfoque metodológico se utilizó para evaluar el impacto y la efectividad de tecnologías emergentes como blockchain en la trazabilidad y prevención de fraude alimentario. La investigación documenta siguió las directrices PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Review and Meta-Analyses), para localizar, evaluar y sintetizar de manera rigurosa y reproducible la evidencia disponible sobre la gestión de tecnologías digitales en los sistemas de gestión de inocuidad. La búsqueda bibliográfica (2022-mayo 2026) se realizó en Science Direct, PubMed y repositorios institucionales, complementada con documentos normativos (FSSC 22000 V7, BRCGS Issue 9, Codex Alimentarius) y reportes técnicos de FAO y GFSI. Esta recolección de información permitió construir un marco propositivo integrado, destacando como la sinergia de las tecnologías dan lugar al concepto de “inmunidad digital” y como los nuevos marcos regulatorios están impulsando la transformación.

Según la FAO, el fraude alimentario le cuesta a la industria alrededor de 40 mil millones de dólares anuales y afecta a 600 millones de personas en todo el mundo. La globalización ha alargado y complejizado las cadenas de suministro, exacerbando los desafíos de trazabilidad, transparencia e inocuidad, al tiempo que crece la demanda regulatoria y del consumidor por alimentos seguros y sostenibles.

Frente a este escenario, tecnologías como blockchain, IoT, IA y GPS prometen convertir la trazabilidad en un proceso continuo y verificable. Su integración permite, por ejemplo, que sensores IoT registren variables ambientales (temperatura, humedad) en tiempo real (transporte, almacenamiento) y las graben en blockchain, generando datos verificables, auditables y seguros. Sin embargo, su adopción masiva se topa con barreras significativas como: elevados costos, necesidad de personal especializado, resistencia al cambio e interrogantes sobre privacidad, escalabilidad e interoperabilidad.

No obstante, mantener el modelo documental en papel es aún más costoso. Los recalls manuales, lentos y de alto impacto económico, evidencian la obsolescencia de un sistema que no puede seguir el ritmo de las cadenas globales. Por ello, el presente articulo tiene como objetivo demostrar que un modelo de integración de tecnologías emergentes puede transformar los sistemas de gestión (HACCP, BRCGS, FSSC 22000) de archivos muertos a ecosistemas vivos de prevención, haciendo que el fraude sea detectable antes de que el producto salga de la fábrica.

De la trazabilidad reactiva a la inmunidad digital: La Blockchain como capa de confianza

La tecnología blockchain se presenta como un libro de contabilidad distribuido y descentralizado que garantiza la transferencia, inmutabilidad y resistencia a la manipulación de los datos registrados. A diferencia de los sistemas centralizados tradicionales, donde la única entidad controla la información y puede modificarla sin dejar rastro, la Blockchain opera en una red peer-to-peer donde cada nodo posee una copia idéntica del registro. Sus características técnicas esenciales son:

- Inmutabilidad: cada bloque contiene datos enlazados mediante hashes criptográficos, creando una cadena segura e inmune a modificaciones no autorizadas. Una vez que un registro es validado y añadido a la cadena, no puede ser eliminado ni modificado retroactivamente, lo que garantiza la integridad histórica de toda la información.

- Descentralización: al no depender de una autoridad central única, se eliminan los puntos únicos de fallo y reduce significativa la vulnerabilidad frente a manipulaciones internas o externas. La red distribuida requiere que múltiples nodos validen cada transacción mediante mecanismos de consenso, haciendo prácticamente imposible que un solo actor malintencionado altere los registros.

- Transparencia controlada: todos los participantes autorizados pueden verificar los registros de manera independiente, lo que establece una “fuente única de verdad” accesible para toda la cadena. Esta transparencia, combinada con técnicas criptográficas que protegen la privacidad, permite auditar el historial completo de un producto sin comprometer información comercial sensible.

- Contratos inteligentes (Smart contracts): programas informáticos que se ejecutan automáticamente cuando se cumplen condiciones predefinidas. Estas reglas de negocio codificadas permiten automatizar verificaciones de calidad, bloquear envíos no conformes o activar alertas en tiempo real sin intervención humana.

En el contexto de trazabilidad alimentaria, la blockchain se convierte en el “pegamento digital” que une todas las etapas de la cadena: desde el productor primario hasta el consumidor final, donde cada transacción relevante (cosecha, procesamiento, análisis de laboratorio, condiciones de transporte, certificaciones, etc.) queda registrada de manera verificable y auditada, construyendo un pasaporte digital inmutable para cada lote de producto. Por su parte, la integración tecnológica no es simplemente una trazabilidad más rápida, sino que es la construcción de un ecosistema que podríamos denominar “inmunidad digital”. Este concepto trasciende la noción reactiva de rastrear un problema una vez ocurrido y se orienta hacia un modelo proactivo y preventivo, donde el sistema es capaz de detectar y neutralizar amenazas antes de que causen daño. Esto se basa en tres pilares que operan en sinergia:

1- Detección temprana mediante IA y sensores IoT: La integración de Blockchain con redes de sensores IoT permite monitorizar parámetros críticos (temperatura, humedad, presencia de patógenos) en tiempo real a lo largo de toda la cadena. Mientras que la inteligencia artificial analiza estos flujos de datos continuos para identificar patrones anómalos que puedan indicar riesgo de fraude o contaminación antes de que el producto llegue al consumidor. Por ejemplo, si un sensor detecta una ruptura de la cadena de frio, el sistema puede evaluar el impacto en la calidad del producto y activar una alerta automática.

2- Verificación inmutable y automática: cada registro validado por los mecanismos de consenso de Blockchain y sellado con hash criptográficos se convierte en una prueba irrefutable del estado del producto en cada momento. Esta capa de confianza elimina la posibilidad de que un operador modifique retrospectivamente los datos de temperatura o los certificados de origen para ocultar una irregularidad.

3- Actuación autónoma y bloqueo en origen: tiene la capacidad de actuar sin esperar la decisión humana. Los Smart contracts, programados con umbrales de calidad y cumplimiento, pueden bloquear automáticamente un lote en origen si la IA detecta una anomalía en los análisis de laboratorio o si algún certificado no coincide con los estándares requeridos. El resultado práctico de esta arquitectura es que los recalls, en lugar de ser crisis costosas y tardías gestionadas con llamadas telefónicas y correos electrónicos, se convierten en eventos prácticamente imposibles de necesitar. Hay casos de éxito en la implementación de blockchain (IBM Food Trust)1 permite a los interesados rastrear productos alimentarios en cualquier momento de la cadena; por ejemplo, IBM Food Trust redujo la trazabilidad del mango de Walmart 7 días a 2,2 segundos.

De esta forma, la trazabilidad deja de ser un mecanismo de investigación “forense” para convertirse en un escudo predictivo que protege al consumidor, al productor y a la reputación de la industria.

Etiquetado inteligente y gestión automatizada de alérgenos

El etiquetado alimentario tradicional, basado en información impresa estáticamente en el envase, presenta limitaciones estructurales que la cadena globalizada ya no puede sostener. Estas etiquetas, si bien certifican el estado del producto en el momento de su impresión, no pueden actualizarse ante cambios normativos, desviaciones en la cadena de suministro o necesidades específicas del consumidor. Esta rigidez genera no solo costos operativos por reimpresiones, sino también riesgos de incumplimiento regulatorio y, en el peor de los casos, recalls masivos por etiquetado incorrecto.

El etiquetado inteligente emerge como la evolución necesaria: tecnologías avanzadas de etiquetado que integran elementos impresos dinámicos, como códigos QR, RFID y NFC, para proporcionar acceso en tiempo real a información crítica del producto. Estos sistemas transforman la etiqueta de un simple adhesivo en una interfaz digital interactiva, donde el consumidor, el auditor o el responsable de calidad pueden escanear el envase con un teléfono inteligente y acceder a datos actualizados sobre: origen del producto, trazabilidad completa, composición nutricional e ingredientes, información de alergenos verificada, condiciones de almacenamientos y transporte, estado de frescura y vida útil, certificaciones ambientales y de sostenibilidad. Esta conectividad entre el producto físico y la información digital se apoya en dos grandes familias tecnológicas.

Por un lado, los códigos QR (2D), ampliamente implementados por su bajo costo y facilidad de lectura, permiten enlazar el envase a plataformas en la nube donde la información se actualiza dinámicamente sin necesidad de reimprimir. Por otro lado, las etiquetas electrónicas impresas (RFID y NFC) ofrecen capacidades adicionales: lectura sin contacto, almacenamiento de datos en el propio dispositivo y comunicación bidireccional con sistemas de inventario y trazabilidad.

Además, las etiquetas inteligentes incorporan la capacidad de monitoreo activo, el envase se vuelve un sensor del estado del producto, ya que reaccionan a cambios físicos o químicos en el alimento o su entorno. Por ejemplo, las etiquetas basadas en antocianinas (pigmentos naturales) cambian de color en presencia de aminas volátiles liberadas durante la degradación de proteínas en carnes y pescados, proporcionando la indicación visual directa del grado de frescura. La integración de nanomateriales como MOFs (estructuras metal-orgánicas) ha mejorado significativamente la estabilidad y sensibilidad de estos indicadores, superando las limitaciones de las versiones anteriores que eran propensas a la degradación o a falsas lecturas por condiciones ambientales variables. Por ejemplo, las etiquetas SMART (smartphone-based, MOF-powered, Amine-responsive, traceability) que, al ser fotografiadas por el celular, permiten que un modelo de aprendizaje profundo (Deep learning) analice el color de la etiqueta y prediga con precisión e estado de frescura de un producto, incluso bajo condiciones de iluminación variables (oscuridad, nublado, sol directo). Por otro lado, los errores de etiquetado y control de alergenos constituyen la principal causa de recalls en mercados de Estados Unidos, con costos anuales que superan los 1.92 millones de dólares.

Los sistemas de blockchain e inteligencia artificial permiten rastrear cada ingrediente desde su origen, cruzando automáticamente los certificados de análisis (CoA) del proveedor con bases de datos regulatorios para verificar la ausencia de alergenos no declarados. A su vez, la validación automatizada del clean label, donde la IA analiza la lista de ingredientes y los procesos de producción para verificar que no haya aditivos artificiales, conservantes sintéticos o alergenos ocultos que contradigan la declaración de “natural” o “libre de”. Además, proyectos como el europeo TITAN (Horizon Europe) están desarrollando plataformas impulsadas por IA para la detección de alérgenos en tiempo real en cadenas de suministro de cereales y aceite de oliva, combinando nanotecnología y blockchain para aumentar la seguridad y reducir el tamaño de las muestras necesarias para los análisis.

El etiquetado inteligente, también se alinea con objetivos de sostenibilidad, facilitando la comunicación transparente con el consumidor, informando sobre: certificación de compostaje del envase, porcentaje de material reciclado, huella de carbono del transporte y producción, instrucciones de reciclaje, etc. Esto minimiza la necesidad de reimprimir etiquetas por cambios regulatorios o de información, reduciendo el desperdicio y optimiza recursos, fomentando la economía circular.

Modernización regulatoria: de los sistemas documentales a los dinámicos

Los sistemas de gestión de inocuidad alimentaria basados en estándares internacionales como HACCP, BRCGS y FSSC 22000, son eficientes al momento de garantizar la inocuidad y seguridad alimentaria, pero deben actualizarse a un sistema que pueda seguir a velocidad de consumo y las cadenas de suministro, el formato papel, actualmente, causa limitaciones al momento de demostrar esta eficiencia. Por ello, obligó a la industria a evolucionar primeramente la V7 del esquema FSSC 22000 (mayo 2026), incorpora requisitos más explícitos sobre la gestión del fraude y defensa alimentarios, alineándose con los requisitos de referencia de la GFSI 2024, e incluye lineamientos sobre el uso de IA en los procesos de certificación, así como un fortalecimiento de los requisitos sobre gestión de alergenos y sostenibilidad. Del mismo modo, BRCGS Food Safety Issue 9, introduce cambios significativos en secciones claves como autenticidad, trazabilidad y gestión de alergenos, reflejando la presión regulatoria y de los consumidores por una mayor transparencia y verificabilidad.

Ahora bien, es necesario modernizar el modelo tradicional de HACCP de “verificación periódica” a un monitoreo continuo y análisis predictivo. La integración de sensores IoT, IA y blockchain permite lo que se denomina un “sistema de soporte de decisiones proactivo y basado en riesgos”, que significa: monitoreo en tiempo real de PCC (puntos críticos de control), los registros de temperatura, humedad y otros parámetros cada poco segundos genera miles de registros diarios frente a los 5-6 registros manuales; digitalización de registros y eliminación de papel, se abre el concepto de “Green HACCP”, que promueve documentación sin papel utilizando plataformas en la nube, sensores IoT y blockchain para gestionar a trazabilidad y realizar auditorías transparentes; y análisis predictivo con IA, los algoritmos de machine learning pueden analizar patrones históricos y en tiempo real para predecir riesgos antes de que se materialicen.

Tabla 1.


La FSSC 22000, alineada con la ISO 22001:2025 para programas de requisitos previos (PRP), el fortalecimiento de los requisitos sobre gestión de alergenos y fraude alimentario y la inclusión de lineamientos pioneros sobre el uso de IA en los procesos de certificación, estableciendo un marco de gobernanza, ética, validación y supervisión humana.

También, incorpora principios de diseño de envases sostenibles y fortalece los requisitos sobre perdida y desperdicio de alimentos. BRCGS Issue 9, por su parte, introduce la obligatoriedad de que las empresas certificadas tengan al menos una auditoría no anunciada en cada ciclo de tres auditorías, lo que exige que los sistemas de gestión estén permanentemente preparados y verificables, no solo en el momento de la auditoría programada.

Esto hace insostenible la dependencia de registros manuales. Esta nueva forma de operar trae consigo una serie de barreras que los marcos regulatorios deberán abordar:

I Interoperabilidad: La integración de sistemas de distintos proveedores y a lo largo de cadenas globales requiere estándares comunes de datos y APIs.

II Brecha digital en PYMES y países en desarrollo: Los costos de implementación y la necesidad de personal capacitado son barreras reales que requieren soluciones graduales y apoyo institucional.

III Armonización internacional: El Codex Alimentarius, en su Plan Estratégico 2026-2031, ha incorporado explícitamente la digitalización y el uso de inteligencia artificial como herramientas para modernizar sistemas y generar informes, así como el enfoque One Health que reconoce la interconexión entre salud humana, animal y ambiental. Además, ha adoptado directrices sobre certificación electrónica (CXG 38-2001 revisado en 2021) y sobre el uso de auditoría remota e inspección en marcos regulatorios (CXG 102-2023).

Conclusiones

La integración de tecnologías emergentes (blockchain, IA, sensores IoT, etiquetado inteligente) en la cadena de suministro alimentaria representa un cambio de paradigma en la gestión de la inocuidad, la transparencia y la sostenibilidad. Podemos ver como la industria alimentaria se está preparando para un ecosistema de inmunidad digital, donde el fraude es detectable y bloqueado antes de que el producto abandone la fábrica, en este punto los sistemas de gestión de inocuidad se vuelven una parte fundamental de un ecosistema interconectado y predictivo.

Decimos que la industria se esta preparando, ya que si bien la tecnología ya esta madura; el blockchain garantiza de manera eficiente la inmutabilidad de los registros, la IA permite el análisis predictivo en tiempo real, los sensores IoT monitorizan parámetros críticos de forma continua y el etiquetado inteligente conecta al consumidor con información verificada; a adopción es limitada.

Esto tiene varios factores como la resistencia al cambio, los costos de implementación y falta de marcos regulatorios armonizados son barreras que muestran los problemas de gobernanza y cultura organizacional que el humano aun no puede resolver. Sin embargo, la regulación ya se encuentra en un proceso de evolucionar para exigir la digitalización, la FSSC 22000 V7, ISO 22002:2015, BRCGS Issue 9, están ejerciendo presión sobre los gobiernos del mundo para que la automatización sea una exigencia normativa.

A la vez, debemos tener en cuenta la gran cantidad de beneficios que trae y que puede solucionar todas las barreras; como la implementación de soluciones SaaS (Software as a Service) que abstraigan la complejidad tecnológica; estándares abiertos (GS1 EPCIS) diseñado para registrar y compartir datos de trazabilidad; y políticas publicas de apoyo. Es importante analizar que el costo de no digitalizarse (como recalls tardíos, pérdida de confianza del consumidor, sanciones regulatorias) es significativamente mayor.

Por otro lado, el modelo propuesto, enfrenta algunas tensiones que la industria y los reguladores deben abordar; la automatización vs responsabilidad legal: el uso de Smart contracts para bloquear lotes en origen introduce dilemas jurídicos sobre quien es responsable si un bloqueo automatizado es erróneo. La FSSC 22000 V7, al incluir lineamientos sobre gobernanza y supervisión humana en el uso de IA, reconoce esta tensión, pero aún se necesita un marco legal más definido. Además, la transparencia vs confidencialidad; la blockchain promete transparencia total pero las empresas legítimamente protegen datos sensibles (formulas, proveedores estratégicos) las blockchain permissioned y técnicas de privacidad diferencial ofrecen soluciones técnicas pero su estandarización y aceptación global aún están en desarrollo.

Por último, la interoperabilidad vs fragmentación; la existencia de múltiples plataformas de blockchain genera silos que limitan la trazabilidad global. La adopción de estándares como GS1 EPCIS es crucial para superar esta fragmentación, un proceso que Codex Alimentarius y GFSI están impulsando, aunque a un ritmo que la industria considera lento. La importancia de este articulo demuestra que la industria alimentaria se encuentra en un punto de inflexión. Las empresas que adoptan este modelo de integración cumplen con las normas de manera eficiente, obteniendo una ventaja competitiva basada en la confianza y transparencia. Los consumidores, se encontrarán cada vez mas informados y exigentes. Para los reguladores y organismos de normalización, la armonización internacional de estándares de datos, la interoperabilidad de plataformas y la definición de marcos legales para la responsabilidad en decisiones automatizadas son tareas urgentes. El Codex Alimentarius, con su Plan Estratégico 2026-2031, ha dado un paso importante al incorporar la digitalización y la IA en su agenda, pero el ritmo de la regulación debe acelerarse para seguir el paso de la innovación tecnológica.

En conclusión, la industria alimentaria debe demostrar que su producción es segura, de forma verificable, continua y accesible. Un sistema que es proactivo, autorregulado y capaz de neutralizar amenazas en origen, presentará alimentos de alta calidad que no tenga que pensar en siquiera en recall. La FSSC 22000 Versión 7 ha dado una respuesta parcial: la digitalización es el camino. El siguiente paso será que los sistemas de gestión de inocuidad se conviertan en ecosistemas de datos interconectados globalmente, donde la confianza no sea una declaración, sino una demostración matemática respaldada por la inmutabilidad de la Blockchain y la inteligencia del análisis predictivo. Es entonces, que la inocuidad alimentaria del futuro no se escribe en papel, se escribe en bloques.

Referencias

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• Laura Herrera (5 de diciembre de 2025) Codex 2025: nuevos LMR y directrices para reforzar la inocuidad alimentaria mundial. The Food Tech. https://thefoodtech.com/metodos-de-control-y-regulaciones/codex-2025-nuevos-lmr-y-directrices-para-inocuidad-alimentaria/

Artículo de Giuliana Rijo. Alumna de Ciencias Regulatorias y Calidad. Fundación de Estudios FESMRC P.I.U. Publio Virglio Marone

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